Se calcula que en España existen alrededor de 800 niños y adolescentes infectados por el VIH, la mayoría por transmisión vertical, de madre a hijo.
Es una población que ha de consumir
tratamiento antirretroviral de forma crónica a lo que, según las
conclusiones de un estudio español recién publicado en Journal of AIDS,
han de añadir una nueva preocupación: su riesgo de enfermedad
cardiovascular es 2,5 veces mayor que el de sus congéneres, aunque la
patología cursa todavía de forma subclínica.
Según la
autora principal del estudio, la pediatra e investigadora del
Laboratorio de Inmunobiología Molecular del Hospital General
Universitario Gregorio Marañón Talía Saínz Costa, la serie de niños y
adolescentes es de las más amplias jamás estudiadas en este campo.
En
concreto, los autores incluyeron a 150 seropositivos con una media de
edad de 14,8 años tratados en seis hospitales madrileños, y miembros ya
de otra cohorte de VIH pediátrico y compararon su estado cardiovascular
con el de otros 150 niños y adolescentes que conformaron el grupo
control. Además del peso y la altura, se analizó la salud cardiovascular
estudiando la tensión arterial, el colesterol y el grosor de la
carótida, con un ultrasonido de esta arteria.
El
estudio demostró que el grosor de la carótida (IMT, de sus siglas en
inglés) era superior en los seropositivos. Se trata de un marcador claro
de aterosclerosis y, por lo tanto, de riesgo cardiovascular.
Según explica a EL MUNDO
Saínz Costa, el interés de su grupo por estudiar el riesgo
cardiovascular en sus pacientes más jóvenes vino de la lógica: el
aumento de dicho riesgo ya se ha observado varias veces en adultos, por
lo que era lógico analizar si dichos problemas empezaban ya en la
infancia de los afectados pediátricos. El estudio confirmó sus sospechas
y pone sobre la mesa la necesidad de incidir en la importancia de
seguir hábitos saludables especialmente en esta población.
Sin
embargo, comenta la pediatra, esto dista mucho de ser tarea fácil. En
primer lugar, porque la mayoría de los niños seropositivos "hijos de la
movida", como los describe Saínz Costa, se enfrentan a problemas mucho
más importantes que su futuro riesgo cardiovascular, como el asumir que
tienen la infección en un momento en el que pueden comenzar las
relaciones sexuales o mantener la adherencia al tratamiento después de
muchos años tomando varias pastillas al día.
"Las
diferencias encontradas no suponen que vayan a sufrir un infarto hoy o
mañana", recalca la autora, "pero sí en un futuro". Se trata, apunta, de
prevenir hábitos poco saludables para que ese mayor riesgo se
materialice en una enfermedad real cuando tengan 50 años. Sin embargo,
vistos los datos, tampoco será tarea fácil. Por ejemplo, se observó que
el tabaquismo era mayor (un 17 %) en el grupo de seropositivos que en
los controles, de los que fumaba un 11 %.
Saínz Costa
comenta que el tratamiento multidisciplinar podría ayudar a estos
adolescentes y que la crisis no hace fácil que esto sea así. Por
ejemplo, señala que los psicólogos que trabajan en su unidad se
financian a través de proyectos de investigación ("algo de lo que hay
que estar siempre pendiente") y es algo que no está estandarizado en el
tratamiento de los pacientes pediátricos de VIH. Pero además, existen
problemas añadidos, como las familias desestructuradas de las que
provienen algunos de estos pacientes, en las que no es fácil hablar de
conceptos como dieta mediterránea.
Respecto a la
posibilidad de que este aumento de la enfermedad cardiovascular
subclínica influya posteriormente en una disminución de la esperanza de
vida de estos niños, aún no hay estudios que den datos concluyentes. Sin
embargo, sí se ha visto que en adultos, la esperanza de vida de los
seropositivos en tratamientos es alrededor de 10 años menor.
Por
esta razón, la autora de este trabajo cree que no es descabellado
pensar que estos niños vivirán aún menos, porque llevarán muchos más
años infectados que los adultos en los que actualmente ya se ha
detectado más enfermedad cardiaca.
"En vista de estos
hallazgos, resulta fundamental hacer hincapié en los programas de
prevención en esta población, así como continuar investigando en los
mecanismos subyacentes para revertir esta situación", concluye Saínz
Costa.
Las causas de este mayor riesgo cardiovascular
están más relacionadas con el virus en sí que con el tratamiento, según
la pediatra. "Parece que el sistema inmune no acaba de descansar",
afirma, lo que explicaría la inflamación continúa asociada a estos
problemas. El Mundo
Leer más: http://spanish.ruvr.ru/news/2014_01_25/efecto-VIH-adolescentes-salud/
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